Aunque 2025 no pinta como una de las temporadas ciclónicas más intensas de los últimos años, científicos advierten que los riesgos siguen siendo altos para República Dominicana.
El meteorólogo John Morales y el geógrafo Marcelo Lagos coinciden en que tanto el calor del Atlántico como la actividad sísmica latente deben mantener alerta a las autoridades y a la población. Un solo huracán o terremoto puede bastar para causar grandes daños si no se cuenta con preparación adecuada.
A pesar de que las aguas del Atlántico no se encuentran en sus niveles de temperatura más extremos como en años anteriores, Morales advierte que no hay espacio para confiarse ante la temporada ciclónica de 2025.
Con décadas de experiencia en el análisis de fenómenos meteorológicos como científico ambiental, Morales insiste en que una aparente disminución en la temperatura del océano no debe interpretarse como una señal de tranquilidad.
- «No tenemos un récord de calor en la superficie del mar, pero sigue siendo uno de los cinco años más calientes jamás registrados en el Océano Atlántico«, afirmó Morales.
Precisó que los pronósticos para la temporada indican una actividad ciclónica «más activa que el promedio», aunque no al nivel «súper alto» observado en 2023 y 2024.
Esta moderación, según Morales, se debe en parte a la intensidad de los vientos alisios y a la variabilidad en la radiación solar. Sin embargo, el especialista recalca que eso no debe generar una falsa percepción de seguridad.
«Sólo basta con un huracán fuerte para cobrar vidas, dañar propiedades e infraestructura. Si ese único ciclón impacta República Dominicana, entonces habrá sido una temporada trágica, aunque en números haya sido poca cosa», sostuvo.
Lluvias más intensas
Morales también abordó el patrón de lluvias intensas que ha marcado los últimos noviembres en República Dominicana, destacando que fenómenos como vaguadas y tronadas han sido responsables de inundaciones extremas en zonas como el Gran Santo Domingo.
«En una atmósfera más cálida, cuando llueve, llueve más fuerte. El aire caliente retiene más humedad y, por lo tanto, produce lluvias más intensas cuando se precipita», explicó.
Advierte que esta realidad es consecuencia directa del cambio climático, que ha alterado patrones atmosféricos y convertido eventos extremos en una amenaza más común.
